Dec. 3, 2020

Las cosas por su nombre

El que acaba de terminar fue un fin de semana sangriento en Colombia. 17 personas, en su mayoría jóvenes, asesinadas en tres masacres en Arauca, Cauca y Nariño en poco menos de 24 horas.

¿Quién, por qué y para qué estás matanzas? Según Comunicado del Comando de la Décima Octava Brigada del Ejército que opera en Arauca el asesinato de cinco personas ocurrido en la vereda Cinaruco de Arauca municipio fue hecho por integrantes del “Grupo armado organizado residual (GAO-r) Estructura 10.”

¿Qué diablos es el  “Grupo armado organizado residual (GAO-r) Estructura 10? Las FARC. Así de sencillo, así de simple. Esa parte de las FARC que se quedó en el monte para mantener el control del territorio, las armas y el control del negocio al que se resisten abandonar, el narcotráfico.

¿Por qué ese nombre tan sofisticado para los mismos bandidos de siempre? Porque a algún asesor del gobierno de Juan Manuel Santos y de las FARC se le ocurrió que para proteger la imagen del proceso de paz y sus firmantes había que cambiarle el nombre a sus disidencias. Recurso que buscaba esconder la cruda realidad del proceso de paz de entonces: las FARC se dividieron en por lo menos dos grandes grupos: uno, el de los jubilados, que son los comandantes más viejos, que aún tenían algún respeto por las ideas políticas de sus fundadores y que pasaron a uso de buen retiro y hoy disfrutan de curules en el Congreso, vivienda, transporte, manutención y custodio por cuenta del Estado y dos, el de quienes a las ideas de los fundadores le sumaron la ideología del “Socialismo del Siglo XXI financiado con los frutos del mejor negocio del mundo: el narcotráfico.

Pero como había que mostrar un proceso de paz para justificar el Premio Nobel entonces el gobierno y los comandantes de las Fuerzas Militares amigos del proceso concluyeron que si les ponían nombres complejos, difíciles de memorizar y de entender la gente terminaría por aceptar “el éxito” de la negociación.

Hoy cuatro años después, ante la incapacidad del Estado de asumir el control del territorio empezamos a ser conscientes del engaño. Sin embargo, en los comunicados oficiales sigue la mala práctica de no llamar las cosas por el nombre.

Es hora señores de llamar a esa mitad de las FARC que sigue estimulando y protegiendo los cultivos ilícitos de Marihuana, Coca y Amapola, que sigue secuestrando y asesinando jóvenes porque se niegan a tomar las armas FARC y no  “Grupos armados organizados residuales (GAO-r) Estructura 10.” No son nuevos delincuentes. Son los mismos terroristas de siempre con una nueva etiqueta. La misma perra con distinto nombre, como diría un campesino santandereano.

Dejemos de seguir engañandonos con nombres sofisticados para los mismos grupos de bandidos que ahora tienen sucursales bien establecidas en los centros del poder, redactan leyes y reformas constitucionales, disponen de tribunales propios y aliados a los que les dicen cómo dictar sentencias.

Debemos entender de una buena vez que 50 años después las FARC lograron el objetivo que se fijaron en algunos de sus congresos llamados conferencias, ejercer la política con armas. Sólo que con una ñapa, la administración de Justicia.

Es hora de entender y llamar las cosas por el nombre.

No son asesinatos colectivos, son masacres. Empecemos por ahí.